sábado, 28 de septiembre de 2013

Hoy he aprendido algo importante. No importa cuanto tiempo lleves en este mundo, ni lo inteligente que seas, ni siquiera la experiencia que tengas. Tratar con personas siempre es una vivencia nueva.
Y es que así somos, cada uno distinto, pero unidos por sentimientos comunes.
Todos sufrimos, sentimos miedo, tristeza y alegría. Nos afectan las mismas cosas pero de maneras diferentes.
Y cuando uno cree encontrar la respuesta, resulta que ni siquiera sabe la pregunta.
Quizás eso es lo bonito de la vida, saber que ahí fuera hay millones de almas, idénticas a ti pero a la vez completamente impares. Y tienes que enfrentarte a ellas, echar tu mayor dosis de valor, de comprensión y cariño. Es como llamar a la puerta de un castillo enorme, sin saber si dentro habita una princesa o un dragón.


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