- Abuela- susurré. Y mi voz retumbó en el silencio de la sala, y por primera vez me di cuenta de que todo lo que sentía era real, palpable, y lo que era mejor aún, solo mío.
Ella desvió la mirada de su lectura y clavó sus ojos azules, desgastados por el paso del tiempo, en mi.
No dijo nada, no hacía falta. Simplemente esperó pacientemente a que mis palabras brotaran, como una pequeña fuente el primer día de verano.
inspiré profundamente, sabiendo que no habría marcha atrás, que tendría que volverme valiente y sobre todo, que ya no habría excusas para esconderme detrás de un caparazón.
- Creo...-rectifiqué.- Estoy enamorada de él.
Nanny esbozó lentamente una sonrisa, una sonrisa grabada en piedra, y sobre todo, arcaica.
y a mi me recordó a aquellas esculturas antiguas, a esas que encierran toda la sabiduría del mundo.
y no pude evitar sonreír yo también.
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