Nervios. Trago saliva y me miro ante el espejo. Tengo ganas de huir, de ser cobarde y escapar de la realidad. Estoy tan asustada que el estómago se me contrae como si de una bola de papel se tratase.
Y ando, ando mucho, ando hacia ti.
Y allí estás tú, alto como uno de esos edificios de la Gran Manzana que tanto me gustaba de pequeña mirar.
Dos besos.
El tacto suave de tu piel, el leve rastro que deja tu colonia.
Tu paso acompasado al mío. Tu sonrisa tan inexperta como la mía. Palabras que salen atropelladamente de nuestros labios intentando capturar silencios. Tus ojos que parecen una mini constelación de estrellas. Gestos torpes, risas nerviosas, una mano sobre mi muslo, el crujir de un labio al ser mordido, un suspiro retenido.
Un leve movimiento de cabezas, dos lenguas que se buscan, ansiosas. Un gemido. Un roce de cuerpos. Unos ojos que se cierran involuntariamente. Una única idea que martillea por dentro.
Quedarse siempre así.
Y ando, ando mucho, ando hacia ti.
Y allí estás tú, alto como uno de esos edificios de la Gran Manzana que tanto me gustaba de pequeña mirar.
Dos besos.
El tacto suave de tu piel, el leve rastro que deja tu colonia.
Tu paso acompasado al mío. Tu sonrisa tan inexperta como la mía. Palabras que salen atropelladamente de nuestros labios intentando capturar silencios. Tus ojos que parecen una mini constelación de estrellas. Gestos torpes, risas nerviosas, una mano sobre mi muslo, el crujir de un labio al ser mordido, un suspiro retenido.
Un leve movimiento de cabezas, dos lenguas que se buscan, ansiosas. Un gemido. Un roce de cuerpos. Unos ojos que se cierran involuntariamente. Una única idea que martillea por dentro.
Quedarse siempre así.
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