Cerré los ojos, y dejé que la brisa me meciera suavemente, como si estuviese bailando al compás del viento.
Dejé que el sol me peinara los cabellos, que recorriera mi cuerpo con sus cálidas caricias, que me envolviera en su abrazo.
y floté.
Floté a la deriva, abandoné mi propia consciencia, y me entregué por completo a la naturaleza. Dejé que ella inundase cada fibra de mi ser y cada trozo de mi alma se impregnó de su olor.Ese olor a nenúfar y canela, a algodón y a menta fresca.

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