lunes, 5 de marzo de 2012

Hace más de un año de esto...

 "Jamás olvidaré la mañana en la que recogí mis cosas del hospital.
El viento zarandeaba con violencia las ramas de los árboles más cercanos, arañando con vehemencia el cristal de mi habitación. En el exterior, el cielo, de un color gris cenizo, me miraba de forma amenazante.
Eché un último y rápido vistazo al que había sido mi cuarto durante seis largos e interminables meses. Estaba segura que no extrañaría nada de aquella sala, tan impersonal que me era imposible llamarla hogar.
Sentí urgencia por salir del hospital, como si de alguna extraña manera encontraran la forma de retenerme. En mi huida, me crucé en el pasillo con rostros que me eran familiares. Mujeres y hombres que habían perdido la conciencia de ellos mismos con el paso del tiempo.
Me apresuré hacia la salida sin mirar siquiera atrás.
La luz del sol me cegó instantáneamente. Cerré los ojos y respiré profundamente, llenando mis pulmones de aire fresco de la mañana, llenando mis pulmones de libertad.
Mi madre me esperaba en la puerta con el coche en marcha. No pude evitar sonreir al ver de nuevo el viejo todoterreno, de un color rojo apagado, cuya pintura estaba descascarillada, a causa de la intemperie, y los múltiples accidentes de mamá.
- Sube cariño- me indicó ella, acariciándome la mejilla.
Coloqué en el maletero mi escaso equipaje, y entré en el coche, protegiéndome del acusante frío.
Mi madre me miró con una radiante sonrisa, y encendió la radio. Enseguida la agradable voz de una presentadora de informativo inundó el interior del vehículo.
- ¿Tienes ganas de volver a casa?- me preguntó, supongo que para romper el hielo.
- Eso creo- respondí, no muy segura.- Apenas recuerdo nada.
Mi madre me miró con una ternura infinita, y me revolvió el pelo con cuidado.
- No te preocupes, estoy segura de que te sentirás muy feliz cuando lleguemos a casa.
Asentí. No tenía ganas de seguir alargando la conversación.
Durante los restantes 120 minutos que duró el viaje, me dediqué a comtemplar el paisaje. El contraste entre el verde intenso de los árboles, y el marrón oscuro de la tierra húmeda. La gran variedad de tonos con los que se había pintado el campo, con infinito cuidado y dedicación. Sí es cierto que Dios existía, debía ser un buen pintor"


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